Capítulo VII (Academia de Vampiros 3 - El beso de la sombra)Another translations: into Greek, into Turkish, into Russian. |
- Statistics
- Participants
- Translate into Spanish
- Translation result
- 58% translated in draft.
Capítulo VII
Cuando escucharon el primer toque de queda, los Moroi empaquetaron sus cosas. Adrian se puso en camino inmediatamente, pero Lissa y Christian se encaminaron lentamente hacia la residencia de estudiantes. Iban cogidos de la mano con las cabezas juntas, susurrando algo acerca de que yo podría haber "espiado" si hubiese entrado en la cabeza de Lissa. Todavía estaban indignados por las noticias de Victor.
Me quedé vigilando a cierta distancia para que pudieran hablar a solas, mientras Eddie caminaba a su encuentro. Puesto que había más Moroi que dhampiros en el campus, los Moroi ocupaban dos residencias contiguas. Lissa y Christian vivían en edificios diferentes. Los dos se pararon cuando llegaron al punto fuera de los edificios donde se dividía el camino que atravesaba el área de recreo de la universidad. Se despidieron con un beso, y procuré actuar como el guardián que vigila-sin-ver-nada-inapropiado. Lissa me dijo adiós y después se dirigió a su residencia con Eddie. Yo seguí a Christian a la suya.
Si hubiera estado haciendo de guardián de Adrian o alguien como él, lo más probable es que hubiera tenido que aguantar bromas sexuales acerca de que tendríamos que dormir uno al lado del otro durante las próximas seis semanas. Pero Christian me trataba de una manera brusca e informal, como si yo fuera su hermana. Quitó algunas cosas del suelo para que yo durmiera, y cuando volvió de lavarse los dientes yo me había hecho una cama bastante cómoda con mantas. Apagó las luces y se metió en la cama.
Después de unos minutos de silencio, pregunté:
--¿Christian?
--Es hora de dormir, Rose.
Bostecé.
--Créeme, yo también quiero dormir, pero tengo una pregunta.
--¿Es sobre Victor? Porque tengo que dormir, y eso me va a cabrear otra vez.
--No, es otra cosa.
--Está bien, suéltalo.
--¿Porqué no te burlaste de mí por lo que pasó con Stan? Todos los demás quieren saber si cometí un error o si lo hice a propósito. Lissa me lo hizo pasar mal. Adrian también, un poco. Y los guardianes… bueno, no importa. Pero tú no dijiste nada. Pensé que serías el primero en dirigirme un comentario mordaz.
Volvió a reinar el silencio, y esperé que estuviera pensando la respuesta y no se hubiera quedado dormido.
--No tenía sentido hacerte preguntas -- dijo finalmente. –Sé que no lo hiciste a propósito.
--¿Por qué no? No te estoy contradiciendo, porque es verdad que no lo hice a propósito, pero ¿cómo estás tan seguro?
--Por nuestra conversación acerca de la ciencia culinaria. Y por tu manera de ser. Te vi en Spokane. Cualquiera que hiciera lo que hiciste tú para salvarnos… bueno, tú no harías algo tan infantil como esto.
-- Vaya. Gracias. Yo... bueno, eso significa mucho para mí --Christian me creía cuando todos los demás pensaban que estaba mintiendo. --Eres la primera persona que cree que simplemente cometí un error y que no tenía motivos ocultos.
--Bueno --dijo, --tampoco me creo eso.
--¿Creer qué? ¿Que fue un error? ¿Por qué no?
--¿No has oído lo que acabo de decirte? Te vi en Spokane. Alguien como tú no comete errores ni se queda paralizado --Comencé a darle la misma excusa que le había dado a los guardianes, que matar a Strigoi no me hizo invencible, pero me interrumpió. --Además, vi la cara que tenías ahí afuera.
--¿Fuera? ¿En el área de recreo?
--Sí --Pasamos unos minutos sin hablar. --No sé qué pasó, pero la expresión de tu cara… no era la de una persona que quiere vengarse de alguien. Tampoco era la expresión de alguien que se hubiera quedado en blanco por el ataque de Alto. Era algo diferente… no sé. Pero estabas completamente absorta con otra cosa, y ¿sinceramente? tu expresión daba miedo.
--Sin embargo... tampoco me has preguntado nada sobre eso.
--No es asunto mío. Si era lo suficientemente importante como para apoderarse de ti de esa manera, entonces debe ser algo serio. Pero si las cosas se ponen feas, me siento seguro contigo, Rose. Sé que me protegerías si hubiera un Strigoi aquí --Bostezó. --Bien. Ahora que te he abierto el corazón, ¿podemos dormirnos? Es posible que tú no necesites descansar para conservar tu belleza, pero algunos de nosotros no tenemos tanta suerte.
Lo dejé dormir y pronto me venció el cansancio. Había sido un día muy largo y la noche anterior no había podido descansar bien. Cuando estuve profundamente dormida, empecé a tener sueños. Entonces sentí los signos inequívocos de uno de los enrevesados sueños de Adrian.
--Oh, no --protesté.
Estaba de pie en el jardín y era verano. El aire era pesado y húmedo, y el sol me golpeaba como olas doradas. A mi alrededor había flores de todos los colores, y el aire estaba cargado del perfume de las lilas y las rosas. Las abejas y las mariposas danzaban de una flor a otra. Llevaba puestos pantalones vaqueros y una camiseta de lino. De mi cuello colgaba Mynazar, un pequeño ojo azul de cristal que según algunos protegía del mal de ojo. También llevaba en la muñeca un brazalete de cuentas con una cruz, llamado chotki. Era una reliquia de la familia Dragomir que me había regalado Lissa. Yo casi nunca llevaba joyas en mi trabajo, pero siempre aparecía en estos sueños.
--¿Dónde estás? --grité--. Sé que estás aquí.
Adrian salió de detrás de un manzano cargado de flores rosadas y blancas. Llevaba vaqueros, algo que no le había visto ponerse antes. Le quedaban bien y sin duda eran de marca. Levaba una camiseta --también muy sencilla-- de algodón verde oscuro, y el sol acentuaba los reflejos dorados y castaños en su pelo oscuro.
--Te dije que no te metieras en mis sueños --dije, poniéndome las manos en las caderas.
Me dedicó su sonrisa perezosa. --Pero, ¿cómo si no vamos a poder hablar? No estabas muy amistosa hace un rato.
--Quizá tuvieras más amigos si no utilizaras la compulsión con las personas.
--Tenia que protegerte de ti mismo. Tu aura era como un nubarrón de tormenta.
--Está bien, para variar, ¿podemos hablar de otra cosa que no sean las auras y mi perdición inminente?
La expresión de sus ojos me dijo que estaba bastante interesado en la idea, pero la dejó ir --Bien, ¿podemos hablar de otras cosas?
--¡Pero si yo no quiero hablar de nada! Lo que quiero es dormir.
--Estás dormido --Adrian sonrió y se acercó a examinar las flores de una enredadera que estaba trepando por un poste. Tenía flores en forma de trompeta de color naranja y amarillo. Acarició suavemente uno de los bordes de una flor--. Este era el jardín de mi abuela.
--Estupendo --dije, apoyándome en el manzano. Parecía que íbamos a estar allí un rato--. Ahora me puedes contar la historia de tu familia.
"Hey she was a cool lady."
"I'm sure she was. Can I go yet?"
His eyes were still on the vine's blossoms. "You shouldn't knock Moroi family trees. You don't know anything about your father. For all you know, we could be related."
"Would that mean you'd leave me alone?"
Strolling back over to me, he switched subjects as though there'd been no interruption. "Nah, don't worry. I think we come from different trees. Isn't your dad some Turkish guy anyway?"
"Yeah, according to my— Hey, are you staring at my chest?"
He was studying me closely, but his eyes were no longer on my face. I crossed my arms over my chest and glared.
"I'm staring at your shirt," he said. "The color is all wrong."
Reaching out, he touched the strap. Like ink spreading across paper, the ivory fabric turned the same shade of rich indigo as the vine's blossoms. He narrowed his eyes like an expert artist studying his work.
"How'd you do that?" I exclaimed.
"It's my dream. Hmm. You're not a blue person. Well, at least not in the color sense. Let's try this." The blue lit up into a brilliant crimson. "Yes, that's it. Red's your color. Red like a rose, like a sweet, sweet Rose."
"Oh man," I said. "I didn't know you could kick into crazy mode even in dreams." He never got as dark and depressed as Lissa had last year, but spirit definitely made him weird sometimes.
He stepped back and threw his arms out. "I'm always crazy around you, Rose. Here, I'm going to write an impromptu poem for you." He tipped his head back and shouted to the sky:
"Rose is in red
But never in blue
Sharp as a thorn
Fights like one too."
Adrian dropped his arms and looked at me expectantly.
"How can a thorn fight?" I asked.
He shook his head. "Art doesn't have to make sense, little dhampir. Besides, I'm supposed to be crazy, right?"
"Not the craziest I've ever seen."
"Well," he said, pacing over to study some hydrangeas, "I'll work on that."
I started to ask again about when I could go«back» to sleep, but our exchange brought something to my mind.
"Adrian… how do you know if you're crazy or not?"
He turned from the flowers, a smile on his face. I could tell he was about to make a joke, but then he looked at me more closely. The smile faded, and he turned unusually serious.
"Do you think you're crazy?" he asked.
"I don't know," I said, looking down at the ground. I was barefoot, and sharp blades of grass tickled my feet. "I've been… seeing things."
"People who are crazy rarely question whether they're crazy," he said wisely.
I sighed and looked back up at him. "That doesn't really help me."
He walked back over to me and rested a hand on my shoulder. "I don't think you're crazy, Rose. I think you've been through a lot, though."
I frowned. "What's that mean?"
"It means I don't think you're crazy."
"Thanks. That clears things up. You know, these dreams arereally starting to bug me."
"Lissa doesn't mind them," he said.
"You visit hers too? Do you seriously have no boundaries?"
"Nah, hers are instructional. She wants to learn how to do this."
"Great. So I'm just the lucky one who gets to put up with your sexual harassment."
He actually looked hurt. "I really wish you wouldn't act like I'm evil incarnate."
"Sorry. I just haven't had much reason to believe you can do anything useful."
"Right. As opposed to your cradle-robbing mentor. I don't really see you making much progress with him."
I took a step back and narrowed my eyes. "Leave Dimitri out of this."
"I will when you stop acting like he's perfect. Correct me if I'm wrong, but he's one of the people who hid the trial from you, right?"
I looked away. "That's not important right now. Besides, he had his reasons."
"Yeah, which apparently didn't involve being open with youor fighting to get you there. Whereas me…" He shrugged. "I could get you into the trial."
"You?" I asked with a harsh laugh. "How are you going to pull that off? Have a smoke break with the judge? Use compulsion on the queen and half the royals at court?"
"You shouldn't be so quick to slam people who can help you. Just wait." He placed a light kiss on my forehead that I tried to wiggle away from. "But for now, go get some rest."
The garden faded, and I fell back into the normal blackness of sleep.
